Hay que hacer un ejercicio: leer cada texto escrito sobre la obra de las Soda Jerk y tomar un trago cada vez que se nombre la palabra sample. El hígado del espectador rogará tarde o temprano piedad. El uso —y abuso— de ese concepto dista de ser apropiado para hablar de su obra: su procedencia del ámbito musical le impide formar parte del mundo de esta dupla de artistas cuyo trabajo no sería posible sin la potencia y las posibilidades que únicamente puede brindarles el cine. El acercamiento a su nueva e inquietante película motiva a varias preguntas esenciales. ¿Aman las películas que diseccionaron? ¿Se burlan de ellas? ¿Se las apropian y, en un gesto desmesurado, las resignifican? ¿Dialogan? ¿Importa acaso todo esto? Lo único que se desprende de este mashup —otro concepto equívoco pero poco se puede hacer si el diccionario audiovisual no ha visto renovación alguna— es que estas anarquistas visuales creen que el cine es algo muy serio y que para celebrarlo hay que destruir ese aura de suntuosidad que lo envuelve, aunque pueda sonar un poco contradictorio. Hello Dankness nos confirma de forma extrema que el valor estético y político no es propio de esas unidades que llamamos películas sino del cine como sistema, como lenguaje. (A.T.)
“Dank” significa viscoso, húmedo, pesado. Un clima caldeado, diríamos por acá. Desde el vamos hay un guiño cultural: “Hello darkness, my old friend” eran las primeras palabras que cantaban Paul Simon y Art Garfunkel en su canción “The Sound of Silence”. En cierto sentido, la frase exacta de Simon & Garfunkel también podría funcionar como título de la película; no sería la primera vez que se identifica al gobierno de Donald Trump, el período político narrado en Hello Dankness, con el oscurantismo. Pero las australianas Soda Jerk optan por torcer, mezclar, superponer palabras e imágenes con el objetivo de redoblar o subvertir, dependiendo el caso, su significado original. Hay algo de síntoma de época: a medida que se agota el potencial sugestivo y misterioso de lo lejano, gracias a esa fosa de las Marianas de postas que es Internet, la única opción parece ser explorar la multiplicidad escondida en los pliegues de productos y obras que ya conocemos. Y Hello Dankness va justamente ahí, a las ficciones audiovisuales más familiares, a esos territorios cómodos donde no siempre esperamos encontrar una huella de las tormentas sociales que con frecuencia nos golpean. (A.B.)
“El ocaso del relato cinéfilo coincide con un momento de gran vitalidad de las imágenes fuera del cine: multiplicadas, influyentes, excesivas, mezcladas con el lenguaje común, fácilmente manipulables, cambiantes, de todos los tamaños y en todos los formatos”. Esta cita pertenece a Contra la cinefilia, el libro de Vicente Monroy que suscitó algunas polémicas aisladas. El argumento de la decadencia de la cinefilia, palabra utilizada actualmente como un insulto o una patología, se desploma ante la aparición de Hello Dankness, que desborda de imágenes multiplicadas y manipulables, en todos los tamaños y formatos, y mezcladas en un lenguaje común de manera excesiva. La conexión entre los asuntos del cine y los de la vida política de un país que construye la película no hacen más que derrotar al escepticismo de Monroy. Más que nada porque a ese reproche ante la pérdida de posición privilegiada del cine a la hora de representar la realidad, Soda Jerk le responde con el arma más letal que tienen a mano: su cinefilia. (A.T.)
La cinefilia de Hello Dankness es orgullosamente mainstream. Uno podría pararse en la vereda de enfrente y exigir un poco más de sofisticación, pero sería perder de vista que se trata de una decisión inevitable: para hablar de las capas más profundas de la sociedad norteamericana, para hablar de su inconsciente, hay que apuntar directo a la superficie. Y esa superficie es tan compleja que cada uno podría armar un recorrido personal, un Hello Dankness íntimo. Por ejemplo, hagamos foco en el terror, actor fuerte de la industria yankee, precursor de este pantano de secuelas y remakes en el que estamos sumergidos. Tenemos a Nancy, la víctima estrella de Freddy Krueger, como una decepcionada votante de Bernie Sanders, tenemos a los zombies de Romero, al Fantasma de la Ópera (aka Vladimir Putin) y al apocalipsis cómico-pero-no-tanto de Este es el fin. La película misma es, de hecho, un monstruo clásico: Soda Jerk consiguió, extirpando, recauchutando y cosiendo, una versión auténticamente moderna del monstruo de Frankenstein. (A.B.)
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